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lunes, 12 de abril de 2010

Amanecer sobre el Brahmaputra

En varios lugares de los cuentos de Saki se menciona la ceremonia imperial del durbar. La palabra procede del persa y quiere decir «corte». En el imperio mongol hacía referencia a las recepciones del emperador con sus príncipes y nobles vasallos. En el Raj británico, se celebraron en diversas ciudades indias durante el siglo XIX como acto de afirmación del dominio colonial. En 1877, por ejemplo, tuvo lugar uno Delhi, la antigua capital mongol, con motivo de la proclamación de la reina Victoria como emperatriz de la India. También en Delhi se celebraron las ceremonias para anunciar las coronaciones de Eduardo VII (1903) y Jorge V (1911), aunque sólo al segundo asistió personalmente el monarca reinante. Con motivo de la coronación de Jorge VI se proyectó un nuevo durbar (1937), pero la situación en Europa y la oposición del Congreso Nacional Indio desaconsejaron la celebración del evento. Los acontecimientos históricos posteriores lo convirtieron en intempestivo: la India proclamó su independencia en 1947.


El durbar que tuvo lugar el 12 de diciembre de 1911 superó en fastuosidad a todos los anteriores. Asistieron más de 80.000 personas: unos 10.000 invitados principales, 20.000 soldados (entre ellos, más de un centenar de supervivientes del Gran Motín de 1857), 50.000 espectadores y, por supuesto, los reyes emperadores. El acontecimiento quedó registrado en una de las primeras películas en color de la historia del cine, With Our King and Queen Through India, rodada por Charles Urban (1867-1942) con el sistema Kinemacolor inventado por George Albert Smith (1864-1959). Gracias al cinematógrafo («el moderno elixir de la vida», como fue llamado), Urban realizó ese año una serie de películas sobre la realeza británica que alimentaron eficazmente la causa de la exaltación imperial. Por desgracia, apenas quedan rastros de las producciones hechas con el sistema de colores naturales Kinemacolor. De With Our King and Queen Through India se descubrió en el 2000 un fragmento de unos diez minutos en un archivo estatal de Krasnogorsk (Moscú). Muestra un desfile de tropas que tuvo lugar en Badli-ki-Sarai, después de la ceremonia principal.


Para completar la magnificencia, se le encargó a sir Edward Elgar (1857-1934) la composición de una «mascarada imperial», The Crown of India. De esta obra, Elgar extrajo luego unas partes para crear una suite, la opus 66 [enlace de Spotify].

Saki tampoco quedó al margen de las celebraciones. En el cuento «Himno final» («Recessional»), Clovis Sangrail compone en un baño turco una oda que conmemora el durbar de 1911. El poema se inicia con la dispersión de los asistentes (un recessional es un himno que se canta en la liturgia anglicana mientras el clero y el coro se retiran al final del oficio) y, al parecer, contiene la descripción de un amanecer sobre el río Brahmaputra (y quizá de buena parte de las joyas de la corona imperial):

El Oriente ambarino por la aurora besado,
teñido de amatista y sanguino damasco,
sobre bosques de mangos de un esmeralda tenue
flota en una calima de malva opalescente,
mientras trazos de loros la neblina realzan
de grana, calcedonia y también crisoprasa.

Podemos también tener en cuenta que el poema comparte el mismo título que la oda escrita en 1897 por Rudyard Kipling (1865-1936) con ocasión del sexagésimo aniversario de la coronación de la reina Victoria (1819-1901), el Jubileo de Diamante:

Dios de nuestros padres, de antaño adorado,
Señor del lejano frente de batalla
bajo cuyo poder salvaguardamos
nuestro dominio sobre el pino y la palma.
Señor Dios de las Huestes, no ansies marchar,
para no olvidar, para no olvidar.

Todas estas alusiones no hacen más que reforzar la habitual iconoclasia de Clovis.


Fuentes:
Coronation Durbar, Delhi 1911. Official Directory with maps, Calcuta, Superintendent Government Printing (India), 1911.
MCKERNAN, Luke, «Kinemacolor, royalty and the Delhi Durbar», Film History, 21, 2 (2009).
MUNRO, Hector H. (Saki), Cuentos completos, ed. Juan Gabriel López Guix, Barcelona, Alpha Decay, 2005.
Punch; or The London Charivari, 13 diciembre 1911.

lunes, 5 de abril de 2010

Poesía y ambigüedad

En el cuento «Himno final», publicado por Saki el 8 de julio de 1911 en The Westminster Gazette y ese mismo año en Crónicas de Clovis, Clovis Sangrail y Bertie van Tahn discuten de poesía en un baño turco de la calle Jermyn, en el elegante West End de Londres. En dicha calle existían en 1911 dos baños turcos: en el número 76, el Hammam; y, en el número 92, el recién inaugurado Savoy.


Los baños turcos fueron introducidos en Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de sus mayores valedores fue el viajero, escritor y diplomático David Urquhart (1805-1877). Urquhart, que había luchado en la guerra de independencia griega (donde resultó gravemente herido en el asedio de Scío), acabó seducido por la cultura y la civilización turcas. En 1835, fue nombrado secretario de la embajada británica en Constantinopla, aunque su actitud abiertamente turcófila le supuso la destitución un par de años más tarde. Escribió entonces The Spirit of the East (1938), un encendido elogio de la sociedad tradicional turca y de su religión. Y, en un impulso que combinaba turcofilia y reforma social, no cejó en sus campañas en favor de una alianza turcobritánica (y en contra de la influencia de Rusia), de reformas internas para dotar de mayor poder a las autoridades locales y de cambios en la política comercial británica.


Logró un escaño conservador en las elecciones generales de 1847, pero al año se cansó de la vida parlamentaria y partió de viaje a España y Marruecos. En 1849, visitó el Líbano. Abogó por la no intervención de las potencias europeas en la inminente guerra de Crimea (1853-1856). Sus posiciones rusófobas le hicieron entrar en contacto con Karl Marx, quien sentía una profunda animadversión por la Rusia zarista. En 1854, tuvo incluso una entrevista con él y lo alabó diciéndole que sus «artículos parecían escritos por un turco». Al parecer, Marx respondió que él era un revolucionario alemán y sacó la conclusión de que se encontraba ante un lunático. Sin embargo, los apuros económicos, le hicieron aceptar dos años más tarde el encargo de escribir una serie de artículos para la prensa urquhartista, The Sheffield Free Press y luego The Free Press de Londres. Algunos de ellos se recopilaron póstumamente  (1899) con el título Historia de la diplomacia secreta en el siglo XVIII.

A partir de 1857, Urquhart se entregó a la causa del derecho internacional. En 1864 abandonó Gran Bretaña por razones de salud y se estableció en Montreux y Niza. Murió en 1877 en Nápoles, camino de Egipto. Su reputación como gran experto en asuntos turcos no se vio beneficiada por algunas excentricidades, como la campaña para abolir el apretón de manos y sustituirlo por el saludo tradicional turco. Sin embargo, con el baño tuvo más suerte. En su libro de viajes por España y Marruecos, The Pillars of Hercules (1850), dejó escrito: 

La suciedad es al cuerpo lo que el error a la mente; por lo tanto, si queremos utilizar nuestra razón en relación con lo primero, debemos seguir un criterio de limpieza como seguimos un criterio de verdad; no podemos depender en ello del capricho ni de la razón. Debemos buscar una norma verificada por una larga experiencia y establecida desde tiempos antiguos: este criterio es el baño.

El libro hizo mucho por avanzar la causa del baño turco. A partir de la década de 1850 se crearon baños en diversas ciudades británicas. La boga orientalista se vio reforzada por las voces que pedían una reforma de las condiciones de higiene imperantes. Según se afirmó, los baños tranquilizaban el sistema nervioso, curaban todo tipo de enfermedades, acababan con las impurezas de la sangre y equilibraban los humores del cuerpo. De ese modo, el intercambio cultural entre el Londres victoriano y el Estambul otomano cristalizó de forma fructífera en la inauguración en 1862 del primer baño turco en la capital británica, el elegante y exclusivo Hammam de Urquhart, aprovechando el edificio del hotel Saint James, la última residencia de Walter Scott en Londres. El lugar ya no existe: quedó destruido en 1941 durante el Blitz londinense.




Concebidos como un lugar público dedicado a la limpieza y relajación del cuerpo, los baños turcos se convirtieron hacia finales del siglo XIX —a medida que declinaban las expectativas acerca de sus milagrosas capacidades curativas— en un espacio de ambigüedad y deseo homosexual. Según escribe John Potvin,

¿Cabe sorprenderse de que en el último cuarto del siglo XIX —un período marcado por la segunda generación de teóricos, que distanciaron la práctica de sus orígenes turcos— los varones homosexuales se apropiaran en todas partes de los baños de estilo oriental en tanto que espacio clandestino para el deseo, la visión erotizada y los encuentros sexualizados? Dado el modo en que la ambigüedad moldeaba la experiencia visual y somática de esos baños, el continuum homosocial se vio cada vez más amenazado por la naturaleza misma de las prácticas legítimamente ejecutadas. Dicha apropiación no constituye además ninguna sorpresa teniendo en cuenta la forma en que el espacio invitaba a la homosociabilidad masculina y la celebraba. Aunque construidos bajo el pretexto de la salud, la proximidad física y visual de los clientes unos con otros y con los empleados trascendía la cultura corporal de límites públicos normativos. Es más, presentaba el espacio público compartido por el mismo sexo como homoerótico (un deseo que amenaza la santidad e integridad de lo homosocial); y con ello se afirma el poderoso argumento de que el cuerpo posee una relación precaria con la arquitectura y anima el espacio en tanto que potencialmente ambivalente y ambiguo.

En uno de esos espacios cargados de ambigüedad y ambivalencia transcurre la discusión poética entre Clovis y Bertie. Como en algunos otros lugares de sus cuentos, Saki bordea, sin cruzarla, la frontera del homoerotismo.


Fuentes:
KANDELA, Peter, «The rise and fall of the Turkish bath in Victorian England», International Journal of Dermatology, 39 (2000), pp. 70-74.
POTVIN, John, «Vapour and Steam. The Victorian Turkish Bath, Homosocial Health, and Males Bodies on Display», Journal of Design History, 18, 4 (2005), pp. 319-333.
URQUHART; David, The Pillars of Hercules; Or, A Narrative of Travels in Spain and Morocco in 1848, Londres, Richard Bentley, 1850.